El sábado 28 de septiembre, Hezbollah confirmó la muerte de su líder y fundador, Hassan Nasrallah, tras un ataque aéreo israelí en un barrio de los suburbios de Beirut el viernes por la tarde. En el bombardeo murieron también otros altos oficiales de la organización.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, autorizó el ataque desde Nueva York, donde se encontraba para dar un discurso en la Asamblea de la ONU. "Hassan Nasrallah ya no podrá aterrorizar al mundo", publicó la oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en la red social X.
Los ataques continuaron durante el fin de semana. Este domingo, Israel atacó plantas de energía y objetivos en los puertos yemeníes de Hodeidah y Ras Isa, donde murieron al menos 53 personas, según el Ministerio de Salud.
Ante este escenario, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, manifestó en un comunicado que la muerte de Hassan Nasrallah es "una medida de justicia por sus numerosas víctimas, entre ellas miles de civiles estadounidenses, israelíes y libaneses" y que Washington "apoya plenamente el derecho de Israel a defenderse". Más tarde, tras los constantes ataques, Biden subrayó que es "hora de un alto el fuego" para evitar la escalada de violencia en Medio Oriente.
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