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Con el Día de la Independencia como excusa para volver a encontrarse, Jubilados Autoconvocados compartieron una jornada junto a integrantes de APAFADI y una exhibición de artes marciales Pa Jua Chang, a cargo del profesor Exequiel Cáceres. Entre historias de vida, abrazos y chocolate caliente, el encuentro dejó un mensaje sencillo pero profundo: la importancia de seguir construyendo comunidad.

El aroma del chocolate caliente empezaba a llenar el salón mucho antes de que llegaran los primeros invitados. En una mesa ya esperaban las tortas fritas recién hechas, las galletitas y una decoración celeste y blanca preparada con dedicación para celebrar un nuevo aniversario de la Independencia argentina.

No era solamente un festejo patrio. Era, sobre todo, una excusa para volver a verse.

En las instalaciones del Círculo Católico de Obreros, Jubilados Autoconvocados compartieron una tarde cargada de afecto junto a integrantes de APAFADI. La jornada también incluyó una exhibición de artes marciales Pa Jua Chang, dirigida por el profesor Exequiel Cáceres, que despertó el aplauso y la curiosidad de todos los presentes.

Uno de los momentos más emotivos llegó con las palabras de la docente Sandra Buchardo, quien recordó el significado histórico del 9 de Julio e invitó a reflexionar sobre la libertad, la unidad y el compromiso colectivo, valores que siguen encontrando eco en quienes, después de toda una vida de trabajo, continúan apostando por el encuentro.

"Queremos unirnos todos los jubilados para poder avanzar en otras cosas. Ese es nuestro objetivo", expresó Juan Ramón Gaité, convencido de que estos espacios pueden convertirse en un punto de partida para seguir generando actividades que fortalezcan la participación y la amistad entre los adultos mayores.

Pero detrás de cada mesa servida hay manos que trabajan en silencio.

Obdulia Teresa Castro fue una de ellas. Desde temprano decoró el salón y preparó el chocolate que compartieron todos los asistentes. A sus 71 años, dice que colaborar es parte de su forma de vivir. Viuda desde hace once años y atravesada también por el dolor de haber perdido a su único hijo, encuentra en estos encuentros una manera de seguir acompañando a los demás.

"La pasamos fabulosamente bien", resume con una sonrisa que parece explicar mucho más que esas cuatro palabras. Después de un día entero de preparativos, asegura que el cansancio vale la pena cuando la recompensa es ver a tantas personas compartiendo una tarde distinta.

Entre los asistentes también estaba Hermelinda Sánchez. Tiene 81 años, fue vicepresidenta del Centro de Jubilados de calle San Miguel y conoce como pocos la historia de esa institución. Aunque reconoce los cambios que ha tenido con el paso de los años, prefiere mirar hacia adelante. Dice que lo más valioso es encontrarse con viejos amigos, conocer gente nueva y no perder las ganas de participar.

"Hay que seguir", afirma con la serenidad de quien ha aprendido que la perseverancia también es una forma de esperanza.

Ese espíritu atravesó toda la jornada.

Sin grandes discursos ni solemnidades, la tarde se fue llenando de conversaciones, recuerdos compartidos, risas y mates que aparecieron después del chocolate. Más allá de las distintas realidades personales, todos parecían coincidir en algo: los adultos mayores siguen teniendo mucho para aportar cuando encuentran espacios donde sentirse escuchados y acompañados.

Mientras el salón comenzaba a vaciarse, ya había una idea dando vueltas entre los organizadores: volver a reunirse.

Porque, a veces, construir comunidad empieza con un gesto tan simple como abrir una puerta, servir una taza de chocolate caliente y hacer que alguien vuelva a sentirse parte.

Autor: ggómez