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La situación que atraviesa el sistema científico argentino continúa generando preocupación entre investigadores, becarios y universidades. La combinación de salarios deteriorados, recortes presupuestarios, falta de financiamiento para proyectos y escasez de insumos está impulsando a una nueva generación de científicos a emigrar o evaluar seriamente la posibilidad de continuar sus carreras en el exterior.

En las últimas semanas, el Gobierno nacional decidió no renovar 379 becas doctorales destinadas a jóvenes investigadores, una medida que justificó en el marco de su política de reducción del gasto público y equilibrio fiscal. La decisión despertó fuertes cuestionamientos dentro de la comunidad científica, que sostiene que el ajuste compromete la formación de recursos humanos altamente calificados.

Según un informe publicado por el diario Página 12, los salarios de investigadores y becarios del CONICET perdieron alrededor del 40% de su poder adquisitivo desde diciembre de 2023. El mismo artículo cita estimaciones del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, que indican que el sistema científico nacional perdió más de 6.000 puestos de trabajo durante ese período, de los cuales aproximadamente la mitad correspondían a investigadores y becarios.

"A esta altura, de mi camada, son más los que se fueron que los que se quedaron", aseguró el biofísico y becario posdoctoral del CONICET, Agustín Ormazábal, quien describió el escenario como un fuerte proceso de desmantelamiento del sistema científico.

La formación de un investigador demanda, en promedio, más de una década de estudio en universidades públicas y organismos científicos. Recién entre los 35 y 40 años muchos comienzan a desarrollar investigaciones propias y a transferir conocimiento a la sociedad, luego de una importante inversión realizada por el Estado en su capacitación.

Sin embargo, el trabajo cotidiano en numerosos laboratorios se volvió cada vez más complejo. La falta de insumos, el deterioro del equipamiento y la imposibilidad de renovar materiales obligan a muchos equipos a reorganizar sus investigaciones o incluso a financiar de su propio bolsillo elementos indispensables para continuar trabajando.

"En la mayoría de los laboratorios el día a día es muy cuesta arriba, tanto por la falta de fondos como por los bajos salarios. Se estira la vida útil de los reactivos, se reducen experimentos, se dejan de asistir a congresos internacionales y empeoran las condiciones generales de trabajo", explicó el inmunólogo Facundo Di Diego en declaraciones a Página 12.

El investigador agregó que muchos científicos complementan sus ingresos con actividades ajenas a su profesión. "Conozco colegas que manejan Uber o trabajan para aplicaciones de reparto. Yo mismo llegué a considerar esa posibilidad", sostuvo.

Mercedes Pastorini, becaria posdoctoral especializada en virus del papiloma humano y cáncer, describió una realidad similar. "Todo depende de si el laboratorio consigue financiamiento. De cualquier manera, cada experimento se planifica una y otra vez para no desperdiciar recursos. Se aprovecha absolutamente todo", señaló.

Por su parte, Manuel Crespo, investigador en cronobiología y becario doctoral del CONICET, afirmó que actualmente percibe un ingreso inferior a los 1.200.000 pesos y advirtió que la falta de financiamiento limita seriamente la actividad científica.

"No tenemos subsidios para desarrollar experimentos ni fondos para proyectos. Muchas investigaciones deben suspenderse o reemplazarse por otras menos ambiciosas", explicó.

Crespo relató además que recientemente obtuvo una beca en Brasil, donde pudo realizar investigaciones que, según aseguró, hoy serían imposibles de concretar en Argentina debido a la falta de recursos.

"A mí me gustaría quedarme, pero estamos entre la espada y la pared. Muchos colegas emigran o buscan trabajo en el sector privado", afirmó.

Una situación similar atraviesa Facundo Di Diego, quien obtuvo una beca temporal en el exterior y reconoció que probablemente continúe su carrera fuera del país cuando finalice ese programa.

Para muchos investigadores jóvenes, emigrar tampoco resulta una decisión sencilla. La mayoría tiene alrededor de 35 años, muchos ya formaron una familia y dejar el país implica importantes costos personales. Al mismo tiempo, la crisis económica también dificulta la inserción en el sector privado, donde las oportunidades laborales son cada vez más limitadas.

Ese fue el caso de Melisa Lamberti, quien en diciembre de 2023 se trasladó a Miami tras obtener una beca de investigación para desarrollar su posdoctorado.

"La verdad es que no quiero volver a Argentina porque hoy investigar allá es muy difícil. No hay subsidios y sería regresar para quedar estancada. Todo el trabajo que pude realizar en Miami durante estos dos años y medio hubiera sido imposible en Argentina por la falta incluso de los insumos más básicos", expresó.

Mientras el debate sobre el financiamiento científico continúa abierto, universidades, organismos de investigación y asociaciones de científicos advierten que la pérdida de recursos humanos altamente calificados podría tener consecuencias a largo plazo para el desarrollo tecnológico, la innovación y la producción de conocimiento en el país.

Autor: admin